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Fundamentos Pedagógicos.

Nuestros fundamentos pedagógicos encuentran su razón de ser en la pedagogía Waldorf.

Nuestra prioridad es asegurar y procurar LA LIBERTAD DE MOVIMIENTO de los niños y niñas a sabiendas de que el desarrollo del movimiento genera el desarrollo del lenguaje y éste impulsa el desarrollo del pensamiento.

En la Casa Azul apostamos por EL JUEGO LIBRE de los niños y niñas de estas edades, como uno de los recursos esenciales para su equilibrio y desarrollo. A través del juego libre el niño conecta con sus necesidades emocionales, el niño imita lo que ocurre a su alrededor, integra y asimila los aprendizajes y el conocimiento de su entorno. En el juego libre el niño entrena millones de movimientos que tienen sentido en ese contexto y que inhiben movimientos reflejos que deben dar lugar a otros voluntarios. El juego libre es un espacio absoluto de creatividad, de fantasía, un vivero para el desarrollo del lenguaje, del pensamiento lógico y de la alegría, precursor de la sociabilidad, escuela de vida.

En la Casa Azul el día está vertebrado por un RITMO que se compone de tiempos de expansión y de concentración que equilibran al niño , acunado y protegido por su saludable cadencia.

El respeto al ritmo individual, al ritmo diario conectado con el ritmo de las estaciones, que nos llevará por el sendero de los aprendizajes y las vivencias, y culminará en fiestas que enriquecerán nuestro camino educativo en la Casa Azul.

Las ACTIVIDADES DOMÉSTICAS y COTIDIANAS del hogar constituyen en sÍ mismas una fuente adecuada e inagotable de aprendizajes para los niños que a esta edad aprenden por la imitación y a través del movimiento y de la experimentación. Siendo por tanto de un alto interés pedagógico todas aquellas vivencias relacionadas con el trabajo doméstico de la casa.

En la Casa Azul creamos un AMBIENTE FÍSICO Y EMOCIONAL sano que ayude al niño en el desarrollo de todas sus capacidades. El espacio físico es diáfano y con luz. Un espacio sobrio para proteger al niño de la sobreestimulación.

Para acompañar su juego, ponemos a su disposición MATERIALES poco estructurados y diversos que ayuden al desarrollo del juego libre, respetando el momento de maduración neuronal en el que el niño se encuentra inmerso. Esta etapa de maduración debe completarse para que haya un desarrollo físico y cerebral adecuado, que sin duda redundará en una buena percepción de sí mismo, en confianza y respeto hacia los demás y hacia el entorno.

El motor que mueve al niño a acometer estos aprendizajes tan esenciales y tan cruciales para la vida, a partir de los cuales se cimentará la vida del ser humano (andar, hablar y pensar), es EL AMOR, por lo que en la Casa Azul el niño será apreciado y valorado como lo que es, un ser único y digno de ser amado.

Un ambiente emocional impregnado de ALEGRÍA Y DE TERNURA en el que los niños puedan tranquilos desplegar su juego, y los adultos ocuparse en un trabajo manual y verdadero, que les permita atender a la tarea de observación y cuidado de los niños.

Un ambiente donde haya claridad y gestos amorosos hacía los niños. Donde desde el conocimiento del momento evolutivo de los niños y la entrega amorosa de las educadoras, a la búsqueda del bienestar del niño, haga posible esta atmósfera de paz donde el niño encuentre el equilibrio entre el pensar el sentir y la voluntad.

En la Casa Azul la ALIMENTACIÓN ocupará un lugar importante y la comida será casera y compuesta por alimentos variados de AGRICULTURA BIOLÓGICA.

Las canciones serán precursoras de ternura y de ritmos sanadores y traerán en su viaje fantasía y alegría. Canciones, teatrillos y cuentos, la palabra cantada y hablada, unida al movimiento o a la calma estará muy presente en el día a día de la Casa Azul.

En nuestro hogar de madre de día acogemos a niños y niñas de DIFERENTES EDADES, cada uno recibirá lo que necesita y será atendido en su individualidad. Las diferentes edades confieren al grupo una cualidad especial de cooperación para los mayores y de estímulo para los pequeños, como ocurre en el seno de las familias.

En la Casa Azul los niños no recibirán aprendizajes intelectuales propiamente dichos, encaminados al aprendizaje de la escritura ni de la lectura. La pedagogía Waldorf preserva al niño en estas edades de estos aprendizajes, puesto que esta etapa de infantil es la etapa de conquistar el dominio del cuerpo a través del movimiento y la maduración y conformación cerebral a través de la experimentación. Por lo tanto no practicamos con ellos, per sé, unos aprendizajes intelectuales con relación a la lectoescritura, pero sí cuidamos mucho su amor por el trabajo bien hecho, el cuidado e incentivo de su curiosidad, el respeto a que aprendan desde el asombro y la experimentación. Así como practicamos con ellos continuamente la oralidad y el movimiento como motores del desarrollo cognitivo y emocional. Así como las habilidades manuales y artísticas que les preparan para la lectoescritura desarrollando cualidades como la pinza o la coordinación visomotriz, el desarrollo de la lateralidad, su pensamiento lógico y de su propia geografía corporal. Amén del desarrollo de una sensibilidad por lo bello y lo sutil.

Por todo ello, preparamos y abonamos el terreno para que cuando llegue el momento de ”la siembra intelectual” todo esté preparado y esa semilla prenda y crezca de forma rápida y sana. Así nos hacemos eco de la práctica educativa de la mayoría de países nórdicos donde por ley los niños y niñas aprenden como tal a leer alrededor de los siete años. Países estos que tienen sistemas educativos altamente valorados por sus buenos resultados. Acceder antes a la lectura y a la escritura no debería ser el objetivo, sino llegar preparados para que esos aprendizajes se integren en el niño de manera correcta en el momento en el que su cuerpo y su mente estén maduros.

La Casa Azul por la mañana olerá a pan, a guiso de puchero, a ropa recién lavada...

La Casa Azul se llenará de colores y de risas, de juegos, de canciones y corros, de rimas y juegos de dedos con los que tejer afectos y aprender mientras la fantasía y la alegría trepa los corazones, y el hada Uribi generosa nos regala más y más palabras, al tiempo que nuestra memoria se desarrolla, nuestra capacidad de concentración aumenta y nuestra autoestima se fortalece.

En la Casa Azul los niños tendrán la oportunidad de realizar ACTIVIDADES ARTÍSTICAS adecuadas a su momento evolutivo: Pintar, hacer acuarelas, coser, tejer con los dedos...

Potenciamos así mismo el fomento de la AUTONOMÍA de los niños a través del acompañamiento amoroso, desde una mirada respetuosa y el establecimiento de límites claros que protegen al niño de la asunción de responsabilidades que son del adulto.


La Casa Azul promueve el ACOMPAÑAMIENTO DE LAS FAMILIAS y las educadoras, para poder llevar a cabo un buen acompañamiento del niño creando puentes entre la Casa Azul y la casa familiar. Para ello se concretarán tutorías individuales y reuniones pedagógicas de grupo, desde la convicción de que no es posible educar sin autoeducación.

La Asociación La Casa Azul es un proyecto de cuidado y respeto a la infancia y de atención a las familias.

El niño ha de ser
recibido con respeto,
educado con amor,
puesto en la vida
finalmente en
libertad.
Rudolf Steiner.

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